Referencia ineludible desde hace décadas para los genealogistas del Río de la Plata, las obras de Juan Alejandro Apolant “Génesis de la Familia Uruguaya” y “Operativo Patagonia”, con sus más de 20.000 nombres indexados, son sin embargo mucho más que una completa enumeración de apellidos, fechas y parentescos. Esta nueva edición, en formato digital, actualiza y facilita el acceso a dos obras indispensables, no solo para quienes buscan sus raíces, sino para todos aquellos apasionados por la historia de estas tierras.
“Génesis de la Familia Uruguaya” es el comienzo de un nuevo concepto de genealogía en el Rio de la Plata. Democratizante, abarcador y científico
Cuando hace hace algún tiempo comenzamos nuestra labor genealógica, dado nuestro origen oriental fue inevitable que al poco tiempo nos cruzáramos con “Génesis de la Familia Uruguaya”.
Quizás esa familiaridad tan inmediata hizo que por algún tiempo no tomáramos real conciencia de lo que representaba.
Con el correr de los años, fuimos conociendo las obras obligadas de la genealogía uruguaya, argentina y brasileña.
Nos extrañaba de alguna forma, ver que ninguna tenía la vastedad y la metodología de la obra de Apolant. Excelentes diccionarios biográficos, grandes obras de relevamiento de datos, transcripciones, análisis históricos; ninguna sin embargo era similar al Génesis.
Con el tiempo, comprendimos qué la hacía diferente. La obra de Apolant es una de esas raras obras que abren camino donde no lo hay.
Es una transcripción de libros parroquiales, sin ser un aglomerado de datos fríos, como las transcripciones habituales, con lo útiles que son. Es un libro de historia, sin pretenderlo, porque nos da una visión fresca y clara de la época, con sus avatares políticos y sociales. Por las mismas razones se podría decir también que es un libro de Sociología o Antropología. Es un diccionario biográfico, aun sin proponérselo, por la cantidad de información que nos da de muchos de sus personajes. Diríamos que hasta es en algunos casos, casi una novela, si consideramos las apasionantes pinturas de escenas y personalidades de la época, que el autor fue el primero en disfrutar, al punto que las indexa para que se consulten independientemente.
En un análisis mas profundo, encontramos las razones de su particularidad. La obra de Apolant se detiene en todos y cada uno de sus personajes.
Al contrario de obras similares, en el marco de una genealogía clásica, que se dedican al estudio y la exaltación siempre de las mismas familias, individuos y hechos relevantes, Apolant le da la misma importancia a todos. Detalles de cada persona y situación son registrados, con una metodología tan científica como democrática.
Hace mucho tiempo la genealogía fué el arte de los ricos y poderosos, los únicos que tenían un lugar en la historia. No hace mucho, cuando comenzó a ser ciencia, lo fue de pocas familias y hasta se “dictaminó” en alguna parte, que solo debían registrarse las descendencias legítimas de las mismas. La obra del propio Apolant fue radiada y atacada en su momento por esa corriente fenecida, en una actitud que a la luz de una mentalidad actual se revela incomprensible y anticientífica.
Sin pretender ser genealogista, pero habiendo dado un vuelco a la genealogía rioplatense, Apolant es uno de los raros autores que hace su propio camino en la ciencia que lo ocupa. Su metodología es un ejemplo para quienes están en la actividad y su obra la fuente de cantidad de futuros trabajos que se han de desarrollar a partir de sus datos, con los métodos que las nuevas tecnologías permiten. Hoy asistimos a una explosión del interés por la genealogía, de la mano de nuevos medios de comunicación y difusión. En cada familia alguien se ocupa de registrar e investigar y miles de voluntarios en todo el mundo trabajan en red para documentar y compartir generosamente cada vez más padrones, listas de embarque, libros parroquiales, listas de enrolamiento, lápidas de cementerios y todo lo que pueda ayudar a encontrar a cada persona, sus ascendientes y raíces. La generosidad es la marca registrada de todos ellos, y ellos se dedican prolijamente a todos, sin excepciones.
En ese marco, es lógico que la obra de Apolant, por derecho propio, sea la primera en entrar, abanderada, renovada y fresca, siempre enriquecedora, al mundo digital rioplatense.
Es un gusto haber podido colaborar con eso, y un honor que Ellen Apolant, joven correctora de la edición papel de su padre, haya corregido también este, nuestro homenaje conjunto a él.
